De viaje por otros continentes: Túnez
Después de dar un buen paseo, muy agradable y fresquito, por tierras de Ávila y León, he seguido mis viajes del verano, esta vez por el norte de África, concretamente por Túnez.

Así es, he pasado diez días en Túnez, país africano, lleno de contrastes, lleno de necesidad por doquier y con el lujo "decorativo" que ofrece a los turistas que vamos a visitarlo.
Desde los desiertos, pasando por los lagos salados, por las dunas, las casas trogloditas, hasta los hoteles preparados para los turistas, de los que mejor huir, mientras se pueda.
Sorprendentes ruinas romanas, muy bien conservadas por el tiempo, espectaculares, mosaicos estupendos que nos cuentan del pasado imperial en esa tierra árida y seca.
Los circuitos turísticos llenos de prisas y haciendo de obedientes "borregos", viendo esa tierra lejana, sin poder acercarse más de lo permitido a nada ni a nadie.
Los hoteles, en los oasis, dejan la realidad fuera y hacen un esfuerzo inmerecido para que nos sintamos "superiores" cuando en realidad no lo somos, ni queremos serlo.
Lo mejor, poder alquilar un coche y perderse por esas carreteras del norte, hacia el noroeste del país.
Para contemplar de cerca los mercados, las medinas, las calles, las gentes, hombres, muchos hombres preparando el primer día del ramadan.
Las playas limpias, preciosas, aunque contadas las mujeres que se bañan en ellas, mujeres, tapadas totalmente, bañando a los niños ante la mirada del hombre desde la orilla.
Los grupos de hombres. de dos en dos o, de tres en tres, casi siempre en grupo, tumbados en la playa y mirando a las turistas con esa mirada inquisidora que se te clava en las carnes.

Por todas partes hombres tumbados, tirados en el suelo a todas horas, en las terracitas de los bares, en las aceras, a la sombra, la poca sombra que deja este sol de justicia que padecen las proximidades del desierto.
Los campos, los pueblos, las calles sucios, muchos plásticos tirados por las cunetas, por los campos, por las calles. Ante la mirada del "president" en fotos de grandes dimensiones que te encuentras ya en el aeropuerto y te sigue por todos los rincones del país.

Los pueblos, pequeños, de construcciones bajas, de una planta, a veces dos, hacen que el paisaje sea aún más plano, pero hay que resguardarse del calor y así lo hacen. Construyen como a medias, las casas por dentro deben estar acondicionadas pero el aspecto exterior es algo desolador, como a medio hacer, las fachadas sin terminar, con el cemento al aire, sin color... color tierra.
Una experiencia diferente, paisajes inolvidables, olores,gentes lentas, colores ocres, color que lo inunda todo ...
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skpe dijo
! Oleeeeeeeeeeee ! mirala ela y yo que decia esta está callada por los calores jeje...me alegro viajera y que lo expliques tambien asi viajamos contigo...un beso bonita experiencia, seguro...muakkk
29 Agosto 2009 | 07:55 PM